Este es un video -aparecido en YouTube- de Robert Shapiro del autodenominado "Grupo de Tareas Estadounidenses para la Argentina" que creo vale la pena ver.
Este economista habla sobre la situación argentina y hace una serie de recomendaciones y advertencias para el Gobierno.
Probablemente, la visión de Shapiro desatará la ira de algunos lectores y la aceptación de otros convencidos de que la situación de default de parte de la deuda pública es insostenible porque genera más costos que beneficios.
Sea como fuere, el mensaje resulta interesante para tener en cuenta la visión de los operadores financieros y, también, de los fondos buitres, sobre cómo debería avanzar el gobierno frente a los 20.000 millones de dólares en bonos que están en default ya que sus tenedores no entraron al canje.
Desde ya que, en algún momento, este gobierno (difícilmente) o el próximo, deberá atender a esa porción de deuda en cesación de pagos.
Una posible jugada es que el Gobierno haga una propuesta no demasiado tentadora para los bonistas, por ejemplo del 10% del monto involucrado, que podría ser rechazada pero que dejaría en claro un intento de llegar a un areglo.
El tema es interesante y la forma también. Les dejo el video.
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miércoles, 13 de junio de 2007
sábado, 26 de mayo de 2007
¿Usted ahorra en dólares?
En los últimos posteos analizamos el gran momento que están atravesando los bonos emergentes, las materias primas y las acciones en general.
Es que nos encontramos en presencia de máximos históricos en dólares en la mayoría de las Bolsas y varios mercados específicos, como los del níkel, el acero, el aluminio y la plata.
Además, el oro experimentó fuertes subas y el petróleo ya se encuentra en recuperación. Y se están apreciando las monedas de todos los países emergentes. También el euro, el yen japonés y ahora el yuan chino.
Con todos estos datos, creo que es hora de pensar la situación global en sentido inverso: ¿no estaremos en presencia de la mayor devaluación de la historia, la del dólar?
Sus efectos podrían considerarse superiores a los del mayor default de un país conocido hasta la fecha dada la enorme cantidad de personas que ahorran en dólares o poseen bonos nominados en esa moneda, quienes lentamente van perdiendo poder adquisitivo.
Para entender este fenómeno hay que comprender el rol que juegan las tasas de interés. En los Estados Unidos, cuando éstas son menores que la inflación anual, la mayoría de los inversores prefiere destinar su dinero a bienes (propiedades, tierras, productos industriales y materias primas) antes que a instrumentos financieros de renta fija, impulsando los precios de los primeros junto con su demanda.
La tendencia comienza a revertirse cuando las tasas de los bonos y depósitos a plazo superan a la inflación, aunque aquí entran a jugar los instrumentos pertenecientes a otros países y nominados en otras monedas, como los bonos soberanos: más allá del riesgo intrínseco, si un título en reales, euros, yenes o pesos paga un interés mayor que uno en dólares, incentivará a los inversores a abandonar esta última moneda para comprar el título más atractivo y alimentará la devaluación del dólar.
A este cuadro hoy deben sumársele los déficits gemelos de los EE.UU. y los fuertes superávits que observan las economías emergentes. Estos componen un cóctel que explica en buena medida la depreciación del dólar frente a otros bienes, ya que se incrementa la emisión de dólares o bonos en esa moneda para financiar los déficits y se impulsa el flujo de fondos hacia mercados distintos del estadounidense.
¿Cuál es la alternativa al dólar?
¿Es el euro la alternativa? ¿Es eficiente la industria europea hoy, con el euro cotizando a 1,33/1,34 dólar? Si en búsqueda de mayor productividad las empresas se trasladan a Europa del Este, Asia o Latinoamérica, ¿Europa podrá superar los problemas de empleo y mantener los actuales niveles de consumo?
¿Y las monedas latinoamericanas? ¿Si se siguen apreciando frente al dólar, podrán los países de la región mantener alto el índice de competitividad? ¿Existe en América Latina mercado interno para absorber los productos fabricados en la región que no puedan exportarse?
Las respuestas pueden demorar en llegar unos dos años. Mi recomendación hoy y ahora es la de especular con divisas preferentemente asiáticas (yen o yuan). La forma más eficiente de hacerlo es a través de fondos comunes de inversión o comprando un ETF cuyo subyacente esté nominado en alguna de estas monedas, siempre manteniéndose atento a los vaivenes de la economía mundial. Es decir que si se invierte con cobertura, mejor (adquiriendo opciones de compra).
Conclusión
Debe estar uno muy alerta y desconfiar de situaciones como la actual, donde todo parece plantearse en contra de un mismo producto, en este caso, el dólar. Recuerde que los incentivos para abandonar esa divisa se están reduciendo con las altas tasas de la Reserva Federal.
Carteras sugeridas
Para alguien conservador: compuesta 40% en dólares, 25% en yenes, 20% en euros y 15% en British pounds (libras).
Para alguien más arriesgado: destinaría un 50% a fondos que diversifican en monedas asiáticas y escandinavas (coronas noruega y sueca) y otro 50% a instrumentos en dólares.
Es que nos encontramos en presencia de máximos históricos en dólares en la mayoría de las Bolsas y varios mercados específicos, como los del níkel, el acero, el aluminio y la plata.
Además, el oro experimentó fuertes subas y el petróleo ya se encuentra en recuperación. Y se están apreciando las monedas de todos los países emergentes. También el euro, el yen japonés y ahora el yuan chino.
Con todos estos datos, creo que es hora de pensar la situación global en sentido inverso: ¿no estaremos en presencia de la mayor devaluación de la historia, la del dólar?
Sus efectos podrían considerarse superiores a los del mayor default de un país conocido hasta la fecha dada la enorme cantidad de personas que ahorran en dólares o poseen bonos nominados en esa moneda, quienes lentamente van perdiendo poder adquisitivo.
Para entender este fenómeno hay que comprender el rol que juegan las tasas de interés. En los Estados Unidos, cuando éstas son menores que la inflación anual, la mayoría de los inversores prefiere destinar su dinero a bienes (propiedades, tierras, productos industriales y materias primas) antes que a instrumentos financieros de renta fija, impulsando los precios de los primeros junto con su demanda.
La tendencia comienza a revertirse cuando las tasas de los bonos y depósitos a plazo superan a la inflación, aunque aquí entran a jugar los instrumentos pertenecientes a otros países y nominados en otras monedas, como los bonos soberanos: más allá del riesgo intrínseco, si un título en reales, euros, yenes o pesos paga un interés mayor que uno en dólares, incentivará a los inversores a abandonar esta última moneda para comprar el título más atractivo y alimentará la devaluación del dólar.
A este cuadro hoy deben sumársele los déficits gemelos de los EE.UU. y los fuertes superávits que observan las economías emergentes. Estos componen un cóctel que explica en buena medida la depreciación del dólar frente a otros bienes, ya que se incrementa la emisión de dólares o bonos en esa moneda para financiar los déficits y se impulsa el flujo de fondos hacia mercados distintos del estadounidense.
¿Cuál es la alternativa al dólar?
¿Es el euro la alternativa? ¿Es eficiente la industria europea hoy, con el euro cotizando a 1,33/1,34 dólar? Si en búsqueda de mayor productividad las empresas se trasladan a Europa del Este, Asia o Latinoamérica, ¿Europa podrá superar los problemas de empleo y mantener los actuales niveles de consumo?
¿Y las monedas latinoamericanas? ¿Si se siguen apreciando frente al dólar, podrán los países de la región mantener alto el índice de competitividad? ¿Existe en América Latina mercado interno para absorber los productos fabricados en la región que no puedan exportarse?
Las respuestas pueden demorar en llegar unos dos años. Mi recomendación hoy y ahora es la de especular con divisas preferentemente asiáticas (yen o yuan). La forma más eficiente de hacerlo es a través de fondos comunes de inversión o comprando un ETF cuyo subyacente esté nominado en alguna de estas monedas, siempre manteniéndose atento a los vaivenes de la economía mundial. Es decir que si se invierte con cobertura, mejor (adquiriendo opciones de compra).
Conclusión
Debe estar uno muy alerta y desconfiar de situaciones como la actual, donde todo parece plantearse en contra de un mismo producto, en este caso, el dólar. Recuerde que los incentivos para abandonar esa divisa se están reduciendo con las altas tasas de la Reserva Federal.
Carteras sugeridas
Para alguien conservador: compuesta 40% en dólares, 25% en yenes, 20% en euros y 15% en British pounds (libras).
Para alguien más arriesgado: destinaría un 50% a fondos que diversifican en monedas asiáticas y escandinavas (coronas noruega y sueca) y otro 50% a instrumentos en dólares.
¿Invertir o aconsejar? ¿Dónde está el negocio?
Una de las empresas de servicios financieros más grandes del mundo reportó en sus balances correspondientes al año 2006 ganancias por 7.500 millones de dólares, aproximadamente, un 47% más que el año anterior.
En términos relativos, obtener esa suma de dinero implicaría adquirir cada doce meses un tercio del paquete accionario de Tenaris (la principal fabricante de tubos de acero para la industria petrolera) o en apenas 16 años utilizar sólo las ganancias para pagar la deuda pública argentina.
Inmediatamente, el dato despertó curiosidad: ¿puede ser que en un año donde los activos financieros no rindieron mucho más que la inflación y la tasa de interés real fue negativa en casi todos los países del mundo, por intermediación financiera un broker haya ganado un 47% más que en el período anterior? ¿Y justo en un año donde cobraron protagonismo las demandas de clientes a brokers por mala praxis?
Está claro que el broker vive de la rotación de las inversiones de sus clientes y no de las ganancias que éstos obtengan ni de los instrumentos financieros puntuales que adquieran. Para los brokers, conviene más tener un cliente con $10.000 que compra y vende todos los días que otro con $300.000 que opera poco y mantiene sus inversiones sin cambios por mucho tiempo.
Es debido a esta regla que muchos cambian tanto y tan seguido de opinión... Un año se los puede encontrar aconsejando comprar bonos de un país que promete alta rentabilidad a sus tenedores y el siguiente, trabajando para ese Estado deudor, buscando concretar la mayor quita posible sobre las tenencias de los mismos inversores a quienes meses antes había asesorado. La comisión pasó a pagarla el Estado, y hablamos de comisiones, no de ética...
Una historia para estar precavidos
John Paulos cuenta en su libro “Un matemático invierte en la Bolsa” que un día a un amigo suyo le llegó una carta donde una firma de brokers nueva le hacía saber que había encontrado un método para ganar mucho dinero rápidamente. El sistema se basaba en un sofisticado programa de computación que permitía adelantarse a los movimientos del mercado accionario.
Para que pudiera testearlo, le ofrecían el pronóstico de cada semana, gratis durante cinco semanas. Así él podría comprobar la eficiencia del sistema. Concluido este período, le proponían firmar un contrato por US$ 500 mensuales para continuar orientándolo con los consejos semanales, muy conveniente si demostraban ser eficaces.
Efectivamente, acertaron las cinco semanas, el amigo se suscribió y pagó US$ 500 para seguir recibiendo las cartas.
El secreto del éxito: lo que el amigo no sabía...
Los brokers habían enviado 32.000 cartas la primera semana, 16.000 anticipando un alza del mercado y 16.000 apostando por una caída.
A la semana siguiente, enviaron predicciones sólo a aquellos que había recibido el dato correcto (50%, exactamente). A una mitad se le anticipó una suba y a la otra, una baja.
Fueron entonces 8.000 los que recibieron con satisfacción el segundo acierto. La estrategia se repitió a la tercera semana, al término de la cual quedaban 4.000 potenciales clientes que comenzaban a asombrarse por la aparente efectividad de las predicciones.
Nuevamente, los brokers dividieron los pronósticos en partes iguales, acertando con unos y errando con otros. Quedaban en carrera 2.000 personas.
Al cabo de la quinta semana, 1.000 personas se convencieron de las bondades del sistema, convirtiéndose en suscriptores de los envíos, y los brokers lograron hacerse con 500.000 dólares.
Evidentemente, muchas veces resulta más rendidor el negocio de la intermediación financiera que asumir riesgos en una inversión.
En términos relativos, obtener esa suma de dinero implicaría adquirir cada doce meses un tercio del paquete accionario de Tenaris (la principal fabricante de tubos de acero para la industria petrolera) o en apenas 16 años utilizar sólo las ganancias para pagar la deuda pública argentina.
Inmediatamente, el dato despertó curiosidad: ¿puede ser que en un año donde los activos financieros no rindieron mucho más que la inflación y la tasa de interés real fue negativa en casi todos los países del mundo, por intermediación financiera un broker haya ganado un 47% más que en el período anterior? ¿Y justo en un año donde cobraron protagonismo las demandas de clientes a brokers por mala praxis?
Está claro que el broker vive de la rotación de las inversiones de sus clientes y no de las ganancias que éstos obtengan ni de los instrumentos financieros puntuales que adquieran. Para los brokers, conviene más tener un cliente con $10.000 que compra y vende todos los días que otro con $300.000 que opera poco y mantiene sus inversiones sin cambios por mucho tiempo.
Es debido a esta regla que muchos cambian tanto y tan seguido de opinión... Un año se los puede encontrar aconsejando comprar bonos de un país que promete alta rentabilidad a sus tenedores y el siguiente, trabajando para ese Estado deudor, buscando concretar la mayor quita posible sobre las tenencias de los mismos inversores a quienes meses antes había asesorado. La comisión pasó a pagarla el Estado, y hablamos de comisiones, no de ética...
Una historia para estar precavidos
John Paulos cuenta en su libro “Un matemático invierte en la Bolsa” que un día a un amigo suyo le llegó una carta donde una firma de brokers nueva le hacía saber que había encontrado un método para ganar mucho dinero rápidamente. El sistema se basaba en un sofisticado programa de computación que permitía adelantarse a los movimientos del mercado accionario.
Para que pudiera testearlo, le ofrecían el pronóstico de cada semana, gratis durante cinco semanas. Así él podría comprobar la eficiencia del sistema. Concluido este período, le proponían firmar un contrato por US$ 500 mensuales para continuar orientándolo con los consejos semanales, muy conveniente si demostraban ser eficaces.
Efectivamente, acertaron las cinco semanas, el amigo se suscribió y pagó US$ 500 para seguir recibiendo las cartas.
El secreto del éxito: lo que el amigo no sabía...
Los brokers habían enviado 32.000 cartas la primera semana, 16.000 anticipando un alza del mercado y 16.000 apostando por una caída.
A la semana siguiente, enviaron predicciones sólo a aquellos que había recibido el dato correcto (50%, exactamente). A una mitad se le anticipó una suba y a la otra, una baja.
Fueron entonces 8.000 los que recibieron con satisfacción el segundo acierto. La estrategia se repitió a la tercera semana, al término de la cual quedaban 4.000 potenciales clientes que comenzaban a asombrarse por la aparente efectividad de las predicciones.
Nuevamente, los brokers dividieron los pronósticos en partes iguales, acertando con unos y errando con otros. Quedaban en carrera 2.000 personas.
Al cabo de la quinta semana, 1.000 personas se convencieron de las bondades del sistema, convirtiéndose en suscriptores de los envíos, y los brokers lograron hacerse con 500.000 dólares.
Evidentemente, muchas veces resulta más rendidor el negocio de la intermediación financiera que asumir riesgos en una inversión.
domingo, 20 de mayo de 2007
El último chiste de economistas
¿Conoce el último chiste de economistas?
Dice así: "Le pedí a una economista su número de teléfono...y me dio una estimación"
Otro: "Los economistas han pronosticado nueve de las últimas cinco recesiones".
En la Argentina, algunos economistas están pronosticando en estos días la última desaceleración. Ya la anunciaron dos veces en los últimos cuatro años. La primera fue cuando se suponía que la recuperación de la economía llegaría a su fin cuando se ocupara la capacidad ociosa de la industria. Más adelante se temió que una crisis energética terminara con la bonanza del crecimiento a tasas chinas, del 9% anual.
Pero la tercera podría ser la vencida.
Los números del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que se difundieron esta semana mostraron una expansión del 7,6% anual en marzo. En enero, el estimador había aumentado 8,5% y en febrero subió 7,9%.
No es para suicidarse, especialmente teniendo en cuenta que los primeros trimestres de cada año suelen ser algo más flojos. Los economistas del gobierno confían en que la actividad económica volverá a repuntar a partir de mitad de año. De lo que sí habrá que despedirse es del "poker de nueves".
Esto era algo que se preveía: el consenso entre los pronosticadores es que este año terminará con un crecimiento del PBI del 8%.
Si en 2008 se creciera al 7% o aún al 6%, tampoco estaría nada mal. Es lo que se llama un aterrizaje suave, después de haber estado volando muy alto. Mucho más importante que estimar un punto más o menos de crecimiento es saber cómo administrar la puja distributiva que en estos días se manifestó en un paro sorpresivo de los trabajadores del subterráneo. Para los economistas, estos episodios son esperables en un contexto de menor desempleo.
A propósito: ¿sabe qué significa un nivel de desempleo aceptable? Significa que el economista para el cual es aceptable todavía tiene trabajo.
Dice así: "Le pedí a una economista su número de teléfono...y me dio una estimación"
Otro: "Los economistas han pronosticado nueve de las últimas cinco recesiones".
En la Argentina, algunos economistas están pronosticando en estos días la última desaceleración. Ya la anunciaron dos veces en los últimos cuatro años. La primera fue cuando se suponía que la recuperación de la economía llegaría a su fin cuando se ocupara la capacidad ociosa de la industria. Más adelante se temió que una crisis energética terminara con la bonanza del crecimiento a tasas chinas, del 9% anual.
Pero la tercera podría ser la vencida.
Los números del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que se difundieron esta semana mostraron una expansión del 7,6% anual en marzo. En enero, el estimador había aumentado 8,5% y en febrero subió 7,9%.
No es para suicidarse, especialmente teniendo en cuenta que los primeros trimestres de cada año suelen ser algo más flojos. Los economistas del gobierno confían en que la actividad económica volverá a repuntar a partir de mitad de año. De lo que sí habrá que despedirse es del "poker de nueves".
Esto era algo que se preveía: el consenso entre los pronosticadores es que este año terminará con un crecimiento del PBI del 8%.
Si en 2008 se creciera al 7% o aún al 6%, tampoco estaría nada mal. Es lo que se llama un aterrizaje suave, después de haber estado volando muy alto. Mucho más importante que estimar un punto más o menos de crecimiento es saber cómo administrar la puja distributiva que en estos días se manifestó en un paro sorpresivo de los trabajadores del subterráneo. Para los economistas, estos episodios son esperables en un contexto de menor desempleo.
A propósito: ¿sabe qué significa un nivel de desempleo aceptable? Significa que el economista para el cual es aceptable todavía tiene trabajo.
Menos presiones sobre el peso
Debido a la existencia de nuevos factores de tipo estructural, existe una inflación mundial que no va a ceder por un tiempo. El principal motor de esta suba de precios ha sido el consumo de los últimos años de los EE.UU., aún a costa de una tasa de ahorro negativa y consumidores viviendo el presente y empeñando su futuro. Esto, sumado a la globalización y la apertura, dinamizó el crecimiento de los mercados emergentes, muy por encima de las tasas de los llamados países centrales. China e India han liderado este proceso, a partir de exportaciones de productos a EE.UU., Europa y recibiendo inversiones de empresas de los países del G7.
Este proceso incorporó al consumo a millones de personas, lo que produjo un salto en la demanda de productos transables y commodities por encima del crecimiento vegetativo. Y esta es la raíz del cambio estructural al que nos referimos. En los últimos 5 años el cobre subió 400%, el níquel 615%, el petróleo 170%, el aluminio 105%, la soja 50%, el trigo 94%, la carne vacuna 40% y el mineral de hierro 165%.
La principal herramienta de EE.UU. para frenar la inflación fue la tasa. La Reserva Federal subió la tasa de referencia de 1% a 5,25% en menos de 3 años para que la inflación no supere el 2% anual. Sin embargo, este esfuerzo está llevando a que se devalúe el dólar, con menos crecimiento y sin bajar la inflación.
En nuestro país, la autoridad monetaria no tiene margen para trabajar sobre la tasa de interés. Esto es así porque los préstamos bancarios al sector privado representan sólo el 10% del PBI. El crédito interno bancario privado es muy bajo, en torno a US$ 20.000 millones, lo que implica que una suba de la tasa tendría efectos muy limitados sobre la economía real y la inflación.
Luego de la crisis de 2002, la Argentina viene creciendo a un ritmo superior al 8% con un bajo nivel de inversión. Un crecimiento en estas condiciones donde la demanda de bienes supera a la oferta, es un disparador de presiones inflacionarias.
Para que el excedente de pesos (dólares) originados en las exportaciones no se dirija a los precios, lo que le queda al BCRA es esterilizar el incremento de oferta monetaria. Con este fin, la autoridad monetaria se valió de Repos, emisión de Lebac y Nobac, y de la ayuda del Tesoro Nacional para evitar efectos no deseados sobre el nivel de precios y las tasas de interés.
En ausencia de un prestamista de última instancia a nivel internacional, el BCRA ha ido acumulando divisas con el objetivo de erradicar la vulnerabilidad externa que caracterizó a nuestra economía en las últimas décadas. Dicha política y el estricto control de los agregados monetarios se enmarca en el objetivo primario de preservar el valor de la moneda. Además, a diferencia de otras épocas, la autoridad monetaria no asiste al Tesoro ni al sistema financiero.
Durante el 2006, el agregado monetario del circulante más depósitos en cuenta corriente se mantuvo por debajo de la evolución del PBI nominal, por lo que comenzaron a reducirse las presiones inflacionarias por incrementos en la cantidad de dinero en el sistema.
Es de esperar que sigamos enfrentando presiones inflacionarias, pero no perdamos de vista que hace sólo 5 años, enfrentamos una de las peores crisis de la historia argentina; y recrear la confianza de depositantes e inversores implica no sólo trabajo y buena administración, sino también el paso del tiempo.
Este proceso incorporó al consumo a millones de personas, lo que produjo un salto en la demanda de productos transables y commodities por encima del crecimiento vegetativo. Y esta es la raíz del cambio estructural al que nos referimos. En los últimos 5 años el cobre subió 400%, el níquel 615%, el petróleo 170%, el aluminio 105%, la soja 50%, el trigo 94%, la carne vacuna 40% y el mineral de hierro 165%.
La principal herramienta de EE.UU. para frenar la inflación fue la tasa. La Reserva Federal subió la tasa de referencia de 1% a 5,25% en menos de 3 años para que la inflación no supere el 2% anual. Sin embargo, este esfuerzo está llevando a que se devalúe el dólar, con menos crecimiento y sin bajar la inflación.
En nuestro país, la autoridad monetaria no tiene margen para trabajar sobre la tasa de interés. Esto es así porque los préstamos bancarios al sector privado representan sólo el 10% del PBI. El crédito interno bancario privado es muy bajo, en torno a US$ 20.000 millones, lo que implica que una suba de la tasa tendría efectos muy limitados sobre la economía real y la inflación.
Luego de la crisis de 2002, la Argentina viene creciendo a un ritmo superior al 8% con un bajo nivel de inversión. Un crecimiento en estas condiciones donde la demanda de bienes supera a la oferta, es un disparador de presiones inflacionarias.
Para que el excedente de pesos (dólares) originados en las exportaciones no se dirija a los precios, lo que le queda al BCRA es esterilizar el incremento de oferta monetaria. Con este fin, la autoridad monetaria se valió de Repos, emisión de Lebac y Nobac, y de la ayuda del Tesoro Nacional para evitar efectos no deseados sobre el nivel de precios y las tasas de interés.
En ausencia de un prestamista de última instancia a nivel internacional, el BCRA ha ido acumulando divisas con el objetivo de erradicar la vulnerabilidad externa que caracterizó a nuestra economía en las últimas décadas. Dicha política y el estricto control de los agregados monetarios se enmarca en el objetivo primario de preservar el valor de la moneda. Además, a diferencia de otras épocas, la autoridad monetaria no asiste al Tesoro ni al sistema financiero.
Durante el 2006, el agregado monetario del circulante más depósitos en cuenta corriente se mantuvo por debajo de la evolución del PBI nominal, por lo que comenzaron a reducirse las presiones inflacionarias por incrementos en la cantidad de dinero en el sistema.
Es de esperar que sigamos enfrentando presiones inflacionarias, pero no perdamos de vista que hace sólo 5 años, enfrentamos una de las peores crisis de la historia argentina; y recrear la confianza de depositantes e inversores implica no sólo trabajo y buena administración, sino también el paso del tiempo.
¿Adónde estará usted en el 2015?
¿Cuánto pagaría por saber cuáles serán los negocios más rentables de los próximos años? Las predicciones de corto plazo de los gurúes suelen ser erráticas. Pero existen ciertas tendencias estables de largo plazo. ¿Cuáles serán los negocios del 2015? Esto es lo que se viene...
Ya lo dijo Philip Kotler: buena parte del éxito de un negocio depende de su capacidad de ubicarse en la plaza indicada, con el producto adecuado, la promoción atractiva y el precio competitivo. El resto es comentario. Pero, ¿cómo saber cuáles serán las cuatro P del futuro? Una respuesta confiable a este interrogante es invaluable.
En un artículo de enero de 2006, Ian Davis y Elizabeth Stephenson, de la prestigiosa consultora McKinsey, nos dan "el dato" de las tendencias globales hasta el 2015.
De la Torre Eiffel a la Gran Muralla y el Taj Mahal
En los próximos años se producirá un cambio en los centros de actividad económica mundial. Hoy, Asia (excluyendo Japón) representa el 13% del PBI global. Europa, el 30%. En el 2015, ambos porcentajes convergerán gracias a los formidables rendimientos de China e India.
Hacia la juventud eterna
El mundo envejece. Los gastos en seguridad social se disparan. Llegará un punto en que los gobiernos se verán forzados a recortar jubilaciones y pensiones. ¿El resultado? Un gigantesco mercado para empresas farmacéuticas, la biotecnología, la salud y los servicios sociales.
El nuevo consumidor
Los países subdesarrollados crecen. Su poder de compra se multiplica. Hoy, asciende a 4 billones de dólares. En el 2015, trepará a 9 billones. Los mercados prioritarios ya no se limitarán a Europa, Estados Unidos y Japón. Interesante perspectiva para la industria de bienes de consumo.
La aldea global
Ni Marshall McLuhan imaginó la sociedad global que se viene. Hoy, las corporaciones ya manejan en tiempo real sus operaciones en los cinco continentes. En el 2006, dos mil millones de personas tienen teléfonos celulares y se envían nueve billones de emails anuales. Todo está interconectado. La revolución tecnológica se ampliará a nuevos campos. La biotecnología y nanotecnología serán las vedettes del 2015.
La batalla por el talento
La economía del conocimiento seguirá su rumbo y el talento será cada vez más la pieza central de las organizaciones. La globalización del mercado laboral permitirá a las corporaciones acceder a profesionales de mercados emergentes. Se viene una globalización de la estrategia. El outsourcing hacia países en vías de desarrollo llegará a niveles insospechados. ¿Por qué desarrollar software en los Estados Unidos si en la India hay miles de ingenieros más baratos?
El compromiso ético
A medida que prosiga la ola de formación de mega corporaciones globales, los directivos estarán sometidos a mayores presiones éticas. Los escándalos de Enron y Worldcom han generado un ambiente hostil para las multinacionales. Hacia el 2015, las corporaciones tendrán que tomarse muy en serio la ética para borrar la mala imagen que se han ganado. Si no lo hacen, se les vendrán encima las regulaciones gubernamentales.
La carrera por los recursos naturales
El crecimiento en los países emergentes presionará sobre los recursos naturales. La demanda de petróleo crecerá un 50% en los próximos 20 años. El cobre, el hierro y el aluminio se están agotando. El agua se convertirá en un recurso estratégico. Se abren oportunidades en el campo de tecnología para encontrar usos más eficientes de recursos que ya escasean y nuevas fuentes de energía.
La ciencia del management
A medida que las compañías sigan concentrándose, necesitarán herramientas más complejas de gerenciamiento. Se acabó la época del empresario que decide por instinto. Los líderes de negocios tomarán decisiones guiándose por herramientas estadísticas y sofisticados softwares.
Nuevas formas de administración del conocimiento
El stock de conocimiento crecerá exponencialmente y su acceso será universal a través de internet. El modelo de open source presagia nuevas formas de desarrollo del conocimiento. Las claves serán las comunidades, no los individuos.
Estas son las tendencias que vislumbra la consultora McKinsey. Hacia allí se dirige el mundo. Usted, ¿adónde estará?
Ya lo dijo Philip Kotler: buena parte del éxito de un negocio depende de su capacidad de ubicarse en la plaza indicada, con el producto adecuado, la promoción atractiva y el precio competitivo. El resto es comentario. Pero, ¿cómo saber cuáles serán las cuatro P del futuro? Una respuesta confiable a este interrogante es invaluable.
En un artículo de enero de 2006, Ian Davis y Elizabeth Stephenson, de la prestigiosa consultora McKinsey, nos dan "el dato" de las tendencias globales hasta el 2015.
De la Torre Eiffel a la Gran Muralla y el Taj Mahal
En los próximos años se producirá un cambio en los centros de actividad económica mundial. Hoy, Asia (excluyendo Japón) representa el 13% del PBI global. Europa, el 30%. En el 2015, ambos porcentajes convergerán gracias a los formidables rendimientos de China e India.
Hacia la juventud eterna
El mundo envejece. Los gastos en seguridad social se disparan. Llegará un punto en que los gobiernos se verán forzados a recortar jubilaciones y pensiones. ¿El resultado? Un gigantesco mercado para empresas farmacéuticas, la biotecnología, la salud y los servicios sociales.
El nuevo consumidor
Los países subdesarrollados crecen. Su poder de compra se multiplica. Hoy, asciende a 4 billones de dólares. En el 2015, trepará a 9 billones. Los mercados prioritarios ya no se limitarán a Europa, Estados Unidos y Japón. Interesante perspectiva para la industria de bienes de consumo.
La aldea global
Ni Marshall McLuhan imaginó la sociedad global que se viene. Hoy, las corporaciones ya manejan en tiempo real sus operaciones en los cinco continentes. En el 2006, dos mil millones de personas tienen teléfonos celulares y se envían nueve billones de emails anuales. Todo está interconectado. La revolución tecnológica se ampliará a nuevos campos. La biotecnología y nanotecnología serán las vedettes del 2015.
La batalla por el talento
La economía del conocimiento seguirá su rumbo y el talento será cada vez más la pieza central de las organizaciones. La globalización del mercado laboral permitirá a las corporaciones acceder a profesionales de mercados emergentes. Se viene una globalización de la estrategia. El outsourcing hacia países en vías de desarrollo llegará a niveles insospechados. ¿Por qué desarrollar software en los Estados Unidos si en la India hay miles de ingenieros más baratos?
El compromiso ético
A medida que prosiga la ola de formación de mega corporaciones globales, los directivos estarán sometidos a mayores presiones éticas. Los escándalos de Enron y Worldcom han generado un ambiente hostil para las multinacionales. Hacia el 2015, las corporaciones tendrán que tomarse muy en serio la ética para borrar la mala imagen que se han ganado. Si no lo hacen, se les vendrán encima las regulaciones gubernamentales.
La carrera por los recursos naturales
El crecimiento en los países emergentes presionará sobre los recursos naturales. La demanda de petróleo crecerá un 50% en los próximos 20 años. El cobre, el hierro y el aluminio se están agotando. El agua se convertirá en un recurso estratégico. Se abren oportunidades en el campo de tecnología para encontrar usos más eficientes de recursos que ya escasean y nuevas fuentes de energía.
La ciencia del management
A medida que las compañías sigan concentrándose, necesitarán herramientas más complejas de gerenciamiento. Se acabó la época del empresario que decide por instinto. Los líderes de negocios tomarán decisiones guiándose por herramientas estadísticas y sofisticados softwares.
Nuevas formas de administración del conocimiento
El stock de conocimiento crecerá exponencialmente y su acceso será universal a través de internet. El modelo de open source presagia nuevas formas de desarrollo del conocimiento. Las claves serán las comunidades, no los individuos.
Estas son las tendencias que vislumbra la consultora McKinsey. Hacia allí se dirige el mundo. Usted, ¿adónde estará?
La decadencia del imperio americano, ¿la revancha de Rusia?
En tiempos de billonarias inversiones internacionales, se vuelve fundamental contar con herramientas para evaluar el atractivo de los posibles destinos. Un profesor de Harvard brinda consejos y presagia un futuro complicado para los Estados Unidos...
Flujos de bienes y capitales van y vienen a través de las fronteras. Los avances tecnológicos y la liberación de restricciones en muchos países ampliaron el menú de destinos para la inversión hasta niveles insospechados pocas décadas atrás (de hecho, hace treinta años todavía parecía una utopía invertir en Rusia).
En este panorama, para el hombre de negocios se vuelve cada vez más relevante contar con una guía para comparar los diversos destinos posibles. En el libro "How Countries Compete", el profesor de Harvard Business School, Richard Vietor ofrece un marco de análisis para evaluar países y decidir dónde poner las fichas.
En primer lugar, señala el especialista, hay que considerar la estabilidad macroeconómica. Un alto déficit fiscal tiende a incrementar las tasas de interés y encarecer el financiamiento. El déficit comercial, por su parte, presagia inestabilidad cambiaria que, en el mediano plazo, afectará la competitividad precio de las exportaciones y los costos de los insumos importados.
En segundo lugar, deben evaluarse las condiciones microeconómicas del país en cuestión. ¿Existen aranceles para el comercio exterior? ¿Hay políticas industriales? ¿Cómo es la estructura tributaria? ¿Qué tan rígidas son las regulaciones laborales?
Finalmente, también hay que considerar el panorama político: los riesgos de cambios en las reglas del juego, estabilidad política, seguridad jurídica, corrupción, etc.
Según el experto de Harvard, el ambiente de negocios ideal incluye sanas políticas fiscales y monetarias, derechos de propiedad sólidos, alto ahorro interno, baja corrupción y exportaciones competitivas para asegurar equilibrio externo en el largo plazo.
Precisamente, la sangría en este último ítem está afectando el atractivo de los Estados Unidos como destino de inversión. El gigantesco déficit de cuenta corriente está impulsando la deuda norteamericana a niveles estratosféricos. Es posible que, en el futuro, el dólar se siga debilitando y surjan presiones al aumento de las tasas de interés.
Mientras los Estados Unidos pierden terreno, otros países ganan atractivo a los ojos de los inversores globales. Singapur, China y la India vienen incrementando fabulosamente sus ventajas (aunque todavía tienen varias asignaturas pendientes en cuestiones estabilidad política).
Sin embargo, para Viener, el país que más promete es Rusia. Tras las radicales reformas económicas de Vladimir Putin, Rusia ha sabido conseguir un ambiente de negocios relativamente estable, respaldado por millonarias reservas de recursos naturales para seguir financiando las reformas.
¿Y Argentina?
Para este especialista, la Argentina forma parte de un club poco honroso. Junto con Chile, Brasil, México, Malasia y Turquía, se encuentra en una situación que Michael Porter definió como "atrapados en la mitad".
Por un lado, estos países no tienen salarios lo suficientemente bajos como para competir con China e India por las inversiones low cost. Aunque, por el otro, su ambiente de negocios no es lo bastante atractivo como para competir con Singapur, Corea, Taiwán, Japón, Estados Unidos y Europa en el segmento "premium".
¿Cómo salir del atolladero?
Según Viener, desarrollando las condiciones que puedan acercarlos a los países de arriba: luchar contra la corrupción, mejorar la distribución del ingreso, incrementar el ahorro interno y combatir la inflación.
Flujos de bienes y capitales van y vienen a través de las fronteras. Los avances tecnológicos y la liberación de restricciones en muchos países ampliaron el menú de destinos para la inversión hasta niveles insospechados pocas décadas atrás (de hecho, hace treinta años todavía parecía una utopía invertir en Rusia).
En este panorama, para el hombre de negocios se vuelve cada vez más relevante contar con una guía para comparar los diversos destinos posibles. En el libro "How Countries Compete", el profesor de Harvard Business School, Richard Vietor ofrece un marco de análisis para evaluar países y decidir dónde poner las fichas.
En primer lugar, señala el especialista, hay que considerar la estabilidad macroeconómica. Un alto déficit fiscal tiende a incrementar las tasas de interés y encarecer el financiamiento. El déficit comercial, por su parte, presagia inestabilidad cambiaria que, en el mediano plazo, afectará la competitividad precio de las exportaciones y los costos de los insumos importados.
En segundo lugar, deben evaluarse las condiciones microeconómicas del país en cuestión. ¿Existen aranceles para el comercio exterior? ¿Hay políticas industriales? ¿Cómo es la estructura tributaria? ¿Qué tan rígidas son las regulaciones laborales?
Finalmente, también hay que considerar el panorama político: los riesgos de cambios en las reglas del juego, estabilidad política, seguridad jurídica, corrupción, etc.
Según el experto de Harvard, el ambiente de negocios ideal incluye sanas políticas fiscales y monetarias, derechos de propiedad sólidos, alto ahorro interno, baja corrupción y exportaciones competitivas para asegurar equilibrio externo en el largo plazo.
Precisamente, la sangría en este último ítem está afectando el atractivo de los Estados Unidos como destino de inversión. El gigantesco déficit de cuenta corriente está impulsando la deuda norteamericana a niveles estratosféricos. Es posible que, en el futuro, el dólar se siga debilitando y surjan presiones al aumento de las tasas de interés.
Mientras los Estados Unidos pierden terreno, otros países ganan atractivo a los ojos de los inversores globales. Singapur, China y la India vienen incrementando fabulosamente sus ventajas (aunque todavía tienen varias asignaturas pendientes en cuestiones estabilidad política).
Sin embargo, para Viener, el país que más promete es Rusia. Tras las radicales reformas económicas de Vladimir Putin, Rusia ha sabido conseguir un ambiente de negocios relativamente estable, respaldado por millonarias reservas de recursos naturales para seguir financiando las reformas.
¿Y Argentina?
Para este especialista, la Argentina forma parte de un club poco honroso. Junto con Chile, Brasil, México, Malasia y Turquía, se encuentra en una situación que Michael Porter definió como "atrapados en la mitad".
Por un lado, estos países no tienen salarios lo suficientemente bajos como para competir con China e India por las inversiones low cost. Aunque, por el otro, su ambiente de negocios no es lo bastante atractivo como para competir con Singapur, Corea, Taiwán, Japón, Estados Unidos y Europa en el segmento "premium".
¿Cómo salir del atolladero?
Según Viener, desarrollando las condiciones que puedan acercarlos a los países de arriba: luchar contra la corrupción, mejorar la distribución del ingreso, incrementar el ahorro interno y combatir la inflación.
¿Está harto de que su jefe lo culpe de sus propios errores? Váyase a trabajar a Japón
Cuando los números cierran, el CEO se presenta como el gran responsable del éxito. Pero cuando surgen los problemas, las culpas empiezan a delegarse hacia los escalones más bajos de la organización. En Japón es exactamente al revés...
En 1985, un avión de Japan Airlines se estrelló contra una ladera del Monte Takamagahara en Japón. El saldo: 520 muertos.
¿La reacción de la compañía?
Por sorprendente que pudiera parecer, la empresa no emitió un escueto comunicado atribuyendo el desastre a errores del piloto o fallas regulatorias. Tampoco se despachó con el cliché de investigar "hasta las últimas consecuencias" para esclarecer las causas de la catástrofe.
Sencillamente, el presidente de la empresa apareció por televisión para pedir disculpas en nombre de la compañía y anunciar su renuncia. Luego, comenzó a recorrer el país para presentar personalmente sus condolencias a los familiares de las víctimas.
A partir de este caso particular, el artículo The Blame Game de Columbia Business School ofrece un análisis sobre las diferencias culturales a la hora de repartir las culpas por los errores dentro de la organización.
Precisamente, los accidentes aéreos brindan un buen patrón de comparación para evaluar la reacción de los managers.
Rara vez se ha visto al CEO de una aerolínea norteamericana (o, más generalmente, occidental) disculparse públicamente y renunciar inmediatamente tras una catástrofe. La reacción tradicional consiste en deslindar responsabilidades y buscar culpables individuales. Esta fue la reacción de LAPA tras el accidente de su vuelo 3142 en agosto de 1999. La empresa responsabilizó a los pilotos fallecidos.
No es cuestión de juzgar aquí quién fue el culpable de este accidente en particular. Sin embargo, es interesante el contraste con la reacción del presidente de Japan Airlines. Aquí se observa una notable diferencia cultural a la hora de repartir las culpas.
Según el artículo de Columbia, en occidente, el objetivo consiste en establecer responsabilidades individuales: ¿Quién era el piloto? ¿Quién era el encargado de controlar su rendimiento? Los gerentes occidentales suelen buscar personas concretas a las que culpar (y también, posiblemente, chivos expiatorios).
Los orientales, por el contrario, más que buscar responsables individuales intentan evaluar qué fallas en los sistemas organizacionales causaron el desastre. Las responsabilidades recaen sobre los equipos de trabajo y, en última instancia, a la corporación en su conjunto. Y, dado que el presidente es el representante de la organización, es perfectamente natural que él sea el único responsable individual de la catástrofe.
¿Esto significa que deberíamos trasplantar la ética japonesa a los managers occidentales?
Desde luego, nada podrá lograr (al menos en el corto/mediano plazo) que los managers de occidente abandonen su cultura individualista para centrar su visión en los problemas globales de la organización.
Sin embargo, esto no significa que la investigación de Columbia sea completamente intrascendente. De hecho, puede ser una poderosa herramienta para reflexionar, con más de perspectiva, sobre la manera en que los occidentales construimos y evaluamos los resultados de los equipos de trabajo. Y así surge una infinidad de interrogantes.
¿Cómo se reparten las culpas por el fracaso de un producto? ¿Cuáles son las responsabilidades individuales? ¿Cuáles son las grupales? A los CEOs les encanta presentarse como los héroes por algún nuevo producto. Sin embargo, ¿qué tanto están dispuestos a asumir las responsabilidades de los fracasos?
En 1985, un avión de Japan Airlines se estrelló contra una ladera del Monte Takamagahara en Japón. El saldo: 520 muertos.
¿La reacción de la compañía?
Por sorprendente que pudiera parecer, la empresa no emitió un escueto comunicado atribuyendo el desastre a errores del piloto o fallas regulatorias. Tampoco se despachó con el cliché de investigar "hasta las últimas consecuencias" para esclarecer las causas de la catástrofe.
Sencillamente, el presidente de la empresa apareció por televisión para pedir disculpas en nombre de la compañía y anunciar su renuncia. Luego, comenzó a recorrer el país para presentar personalmente sus condolencias a los familiares de las víctimas.
A partir de este caso particular, el artículo The Blame Game de Columbia Business School ofrece un análisis sobre las diferencias culturales a la hora de repartir las culpas por los errores dentro de la organización.
Precisamente, los accidentes aéreos brindan un buen patrón de comparación para evaluar la reacción de los managers.
Rara vez se ha visto al CEO de una aerolínea norteamericana (o, más generalmente, occidental) disculparse públicamente y renunciar inmediatamente tras una catástrofe. La reacción tradicional consiste en deslindar responsabilidades y buscar culpables individuales. Esta fue la reacción de LAPA tras el accidente de su vuelo 3142 en agosto de 1999. La empresa responsabilizó a los pilotos fallecidos.
No es cuestión de juzgar aquí quién fue el culpable de este accidente en particular. Sin embargo, es interesante el contraste con la reacción del presidente de Japan Airlines. Aquí se observa una notable diferencia cultural a la hora de repartir las culpas.
Según el artículo de Columbia, en occidente, el objetivo consiste en establecer responsabilidades individuales: ¿Quién era el piloto? ¿Quién era el encargado de controlar su rendimiento? Los gerentes occidentales suelen buscar personas concretas a las que culpar (y también, posiblemente, chivos expiatorios).
Los orientales, por el contrario, más que buscar responsables individuales intentan evaluar qué fallas en los sistemas organizacionales causaron el desastre. Las responsabilidades recaen sobre los equipos de trabajo y, en última instancia, a la corporación en su conjunto. Y, dado que el presidente es el representante de la organización, es perfectamente natural que él sea el único responsable individual de la catástrofe.
¿Esto significa que deberíamos trasplantar la ética japonesa a los managers occidentales?
Desde luego, nada podrá lograr (al menos en el corto/mediano plazo) que los managers de occidente abandonen su cultura individualista para centrar su visión en los problemas globales de la organización.
Sin embargo, esto no significa que la investigación de Columbia sea completamente intrascendente. De hecho, puede ser una poderosa herramienta para reflexionar, con más de perspectiva, sobre la manera en que los occidentales construimos y evaluamos los resultados de los equipos de trabajo. Y así surge una infinidad de interrogantes.
¿Cómo se reparten las culpas por el fracaso de un producto? ¿Cuáles son las responsabilidades individuales? ¿Cuáles son las grupales? A los CEOs les encanta presentarse como los héroes por algún nuevo producto. Sin embargo, ¿qué tanto están dispuestos a asumir las responsabilidades de los fracasos?
¿Qué tan bajo está usted dispuesto a caer para conservar su empleo?
"¡Tire los desechos al río!", exige su jefe. ¿Qué hacer? ¿Acatar la orden o exponerse a perder su trabajo? ¿Hasta dónde llega su lealtad?
Usted es el gerente de operaciones de una corporación. Un buen día, el gerente general entra a su oficina y le dice: "Mire, estamos muy ajustados de presupuesto. No podemos seguir gastando tantos miles de dólares en el tratamiento de residuos. Desde el mes que viene, hasta que recompongamos nuestros números, ordene que se tiren los residuos al río".
Sorprendido, usted contesta: "¿Al río? ¡Usted sabe perfectamente que son residuos altamente tóxicos!". El CEO replica: "No crea que me agrada la decisión. Pero no queda otra alternativa. Será sólo por unos meses. Las regulaciones son débiles y nadie se dará cuenta. Si no está dispuesto a poner el hombro, puede presentar su renuncia".
¿Usted qué haría?
Desde luego, se trata de un caso extremo, especialmente escogido para ilustrar los dilemas morales que suelen enfrentan los miembros de muchas organizaciones. Rara vez a uno se le plantea una decisión trascendental entre perder su trabajo o asumir el cargo de conciencia de contaminar un río.
Sin embargo, ¿nunca se vio obligado, en su vida laboral, a actuar contra sus convicciones? En la mayoría de los casos, se trata de acciones relativamente menores que "todos hacen", como desinflar, a pedido del jefe, las cifras de facturación para evadir impuestos. Desde ese punto hacia arriba, existe una gradación de dilemas morales donde entra en juego la lealtad hacia la organización contra las convicciones personales.
En otros casos, el dilema adquiere un carácter más global. No se trata de decidir si ejecutar o no acciones concretas sino de elegir las organizaciones a las que vale la pena pertenecer.
Por ejemplo, ¿usted trabajaría para una tabacalera? ¿Y para un fabricante de armas? Desde luego, se trata de negocios perfectamente legales. Pero aun así, a muchos les desagrada pensar que su contribución a la empresa es, indirectamente, un aporte para la muerte de miles de personas.
El artículo Winning the Devil's Bargain de la publicación Strategy + Business, ofrece un marco teórico interesante para tratar el problema de la lealtad versus la ética personal. La cuestión puede abordarse a través de una distinción entre dos trabajadores tipo.
Por un lado, algunos empleados están dispuestos a complacer en casi todo a sus jefes pues creen que la empresa reconocerá su lealtad absoluta y los premiará con rápidos ascensos por la escalera corporativa.
Desde luego, no todos los empleados de esta clase son iguales. Es necesario establecer una gradación. Algunos no tendrán inconvenientes en dibujar balances pero preferirán renunciar antes de tirar desechos radiactivos a un río.
Otra clase de empleado, por el contrario, concibe a su actividad como un medio para mejorar las vidas de los clientes. Típicamente, este busca trabajo en empresas que compartan sus ideas. Y seguramente estará más dispuesto a renunciar cuando su jefe le exija una conducta reñida con sus valores.
No hay mucho más marco teórico que agregar. La decisión a adoptar en cada caso de conflicto depende de los valores de las personas involucradas.
Usted es el gerente de operaciones de una corporación. Un buen día, el gerente general entra a su oficina y le dice: "Mire, estamos muy ajustados de presupuesto. No podemos seguir gastando tantos miles de dólares en el tratamiento de residuos. Desde el mes que viene, hasta que recompongamos nuestros números, ordene que se tiren los residuos al río".
Sorprendido, usted contesta: "¿Al río? ¡Usted sabe perfectamente que son residuos altamente tóxicos!". El CEO replica: "No crea que me agrada la decisión. Pero no queda otra alternativa. Será sólo por unos meses. Las regulaciones son débiles y nadie se dará cuenta. Si no está dispuesto a poner el hombro, puede presentar su renuncia".
¿Usted qué haría?
Desde luego, se trata de un caso extremo, especialmente escogido para ilustrar los dilemas morales que suelen enfrentan los miembros de muchas organizaciones. Rara vez a uno se le plantea una decisión trascendental entre perder su trabajo o asumir el cargo de conciencia de contaminar un río.
Sin embargo, ¿nunca se vio obligado, en su vida laboral, a actuar contra sus convicciones? En la mayoría de los casos, se trata de acciones relativamente menores que "todos hacen", como desinflar, a pedido del jefe, las cifras de facturación para evadir impuestos. Desde ese punto hacia arriba, existe una gradación de dilemas morales donde entra en juego la lealtad hacia la organización contra las convicciones personales.
En otros casos, el dilema adquiere un carácter más global. No se trata de decidir si ejecutar o no acciones concretas sino de elegir las organizaciones a las que vale la pena pertenecer.
Por ejemplo, ¿usted trabajaría para una tabacalera? ¿Y para un fabricante de armas? Desde luego, se trata de negocios perfectamente legales. Pero aun así, a muchos les desagrada pensar que su contribución a la empresa es, indirectamente, un aporte para la muerte de miles de personas.
El artículo Winning the Devil's Bargain de la publicación Strategy + Business, ofrece un marco teórico interesante para tratar el problema de la lealtad versus la ética personal. La cuestión puede abordarse a través de una distinción entre dos trabajadores tipo.
Por un lado, algunos empleados están dispuestos a complacer en casi todo a sus jefes pues creen que la empresa reconocerá su lealtad absoluta y los premiará con rápidos ascensos por la escalera corporativa.
Desde luego, no todos los empleados de esta clase son iguales. Es necesario establecer una gradación. Algunos no tendrán inconvenientes en dibujar balances pero preferirán renunciar antes de tirar desechos radiactivos a un río.
Otra clase de empleado, por el contrario, concibe a su actividad como un medio para mejorar las vidas de los clientes. Típicamente, este busca trabajo en empresas que compartan sus ideas. Y seguramente estará más dispuesto a renunciar cuando su jefe le exija una conducta reñida con sus valores.
No hay mucho más marco teórico que agregar. La decisión a adoptar en cada caso de conflicto depende de los valores de las personas involucradas.
Los negocios del futuro: ¿adónde están invirtiendo hoy los capitalistas de riesgo?
Tras algunos años de prudencia después del estallido de la burbuja puntocom, los capitalistas de riesgo vuelven a la carga. Sepa adónde están colocando sus apuestas quienes construyen los negocios del futuro...
Los '90 fueron la era dorada de los capitalistas de riesgo. En pleno auge puntocom, los dólares fluían de a millones hacia las start-ups de Silicon Valley. A principios de este siglo, la explosión de la burbuja representó un tremendo golpe sobre los inversores. Muchos perdieron auténticas fortunas en las puntocom quebradas.
Ahora, tras algunos años de malaria, vientos favorables parecen volver a soplar para esta peculiar industria. La venta de YouTube a Google por 1.650 millones de dólares y la adquisición de Skype por parte de eBay en la friolera de 2.600 millones demuestran que todavía existen oportunidades de obtener retornos espectaculares en pocos años.
Pero, ¿qué hace exactamente un capitalista de riesgo?
Básicamente, su negocio consiste en proveer financiamiento a pequeñas empresas de altísimo potencial en mercados altamente dinámicos. Así, el emprendedor obtiene fondos frescos para financiar su expansión. A cambio el capitalista se queda con una tajada del paquete accionario.
Desde luego, se trata de un negocio de altísimo riesgo. La mayor parte de las inversiones terminan fracasando. Quizá el mercado no era tan atractivo como parecía. O tal vez la empresa tomó las decisiones equivocadas.
Sin embargo, los aciertos pueden ser muchas veces multi millonarios. Imagine, por ejemplo, a los inversores de riesgo que financiaron a los dos muchachos que fundaron Google. O piense en aquel capitalista que creyó en YouTube desde sus primeros días.
Ahora, tras la depresión de la inmediata era pos burbuja, los inversores están volviendo a apostar fuerte. Wharton Business School organizó una conferencia con conocidos capitalistas de riesgo para que presenten su visión sobre las nuevas oportunidades de la economía global. Veamos qué piensan sobre el futuro, aquellos que participan en su construcción…
1) Internet todavía existe
Si bien la web ya no desata las pasiones de otros tiempos, todavía es el terreno de oportunidades más que interesantes.
Los inversores están colocando sus apuestas principalmente en lo relacionado con la video web (el modelo YouTube), financiando emprendimientos basados en nuevas tecnologías surgidas de los laboratorios de Stanford y el MIT. Los proyectos más prometedores apuntan a mejorar la calidad de los videos e inventar nuevos métodos publicitarios online.
2) Nuevas energías
De la mano del calentamiento global, se están volviendo inmensamente populares las inversiones en tecnologías destinadas a reducir las emisiones de gases. Si usted tiene una idea para una tecnología amigable con el medio ambiente, quizá pueda conseguir alguna reunión con un inversor de riesgo.
3) La guerra por el agua
Los efectos del calentamiento global ya se sienten en algunos rincones del planeta. La escasez de agua está dejando de ser una amenaza para convertirse en una realidad palpable en algunas regiones.
Así, están surgiendo grandes oportunidades en el desarrollo de tecnologías de desalinización para aprovechar las aguas de los océanos.
4) Economía de la salud
En los países desarrollados, se espera que el envejecimiento de la población multiplique la demanda de tecnologías y servicios médicos. En este marco, están surgiendo oportunidades para todos los gustos: desde la biotecnología hasta los aparatos médicos.
Una naciente actividad promete revolucionar el negocio de la salud. Se trata de la medicina personalizada.
Algunos creen que los avances en investigación genética permitirán algún día que los médicos detecten, con una certeza casi absoluta, las enfermedades congénitas que sufrirá una persona a lo largo de su vida. Así, podrán desarrollarse tratamientos personalizados incluso antes de que se manifiesten los primeros síntomas.
Este nuevo terreno de la medicina promete salvar millones de vidas. Y, por supuesto, para los capitalistas de riesgo, puede convertirse en una auténtica mina de oro.
Los '90 fueron la era dorada de los capitalistas de riesgo. En pleno auge puntocom, los dólares fluían de a millones hacia las start-ups de Silicon Valley. A principios de este siglo, la explosión de la burbuja representó un tremendo golpe sobre los inversores. Muchos perdieron auténticas fortunas en las puntocom quebradas.
Ahora, tras algunos años de malaria, vientos favorables parecen volver a soplar para esta peculiar industria. La venta de YouTube a Google por 1.650 millones de dólares y la adquisición de Skype por parte de eBay en la friolera de 2.600 millones demuestran que todavía existen oportunidades de obtener retornos espectaculares en pocos años.
Pero, ¿qué hace exactamente un capitalista de riesgo?
Básicamente, su negocio consiste en proveer financiamiento a pequeñas empresas de altísimo potencial en mercados altamente dinámicos. Así, el emprendedor obtiene fondos frescos para financiar su expansión. A cambio el capitalista se queda con una tajada del paquete accionario.
Desde luego, se trata de un negocio de altísimo riesgo. La mayor parte de las inversiones terminan fracasando. Quizá el mercado no era tan atractivo como parecía. O tal vez la empresa tomó las decisiones equivocadas.
Sin embargo, los aciertos pueden ser muchas veces multi millonarios. Imagine, por ejemplo, a los inversores de riesgo que financiaron a los dos muchachos que fundaron Google. O piense en aquel capitalista que creyó en YouTube desde sus primeros días.
Ahora, tras la depresión de la inmediata era pos burbuja, los inversores están volviendo a apostar fuerte. Wharton Business School organizó una conferencia con conocidos capitalistas de riesgo para que presenten su visión sobre las nuevas oportunidades de la economía global. Veamos qué piensan sobre el futuro, aquellos que participan en su construcción…
1) Internet todavía existe
Si bien la web ya no desata las pasiones de otros tiempos, todavía es el terreno de oportunidades más que interesantes.
Los inversores están colocando sus apuestas principalmente en lo relacionado con la video web (el modelo YouTube), financiando emprendimientos basados en nuevas tecnologías surgidas de los laboratorios de Stanford y el MIT. Los proyectos más prometedores apuntan a mejorar la calidad de los videos e inventar nuevos métodos publicitarios online.
2) Nuevas energías
De la mano del calentamiento global, se están volviendo inmensamente populares las inversiones en tecnologías destinadas a reducir las emisiones de gases. Si usted tiene una idea para una tecnología amigable con el medio ambiente, quizá pueda conseguir alguna reunión con un inversor de riesgo.
3) La guerra por el agua
Los efectos del calentamiento global ya se sienten en algunos rincones del planeta. La escasez de agua está dejando de ser una amenaza para convertirse en una realidad palpable en algunas regiones.
Así, están surgiendo grandes oportunidades en el desarrollo de tecnologías de desalinización para aprovechar las aguas de los océanos.
4) Economía de la salud
En los países desarrollados, se espera que el envejecimiento de la población multiplique la demanda de tecnologías y servicios médicos. En este marco, están surgiendo oportunidades para todos los gustos: desde la biotecnología hasta los aparatos médicos.
Una naciente actividad promete revolucionar el negocio de la salud. Se trata de la medicina personalizada.
Algunos creen que los avances en investigación genética permitirán algún día que los médicos detecten, con una certeza casi absoluta, las enfermedades congénitas que sufrirá una persona a lo largo de su vida. Así, podrán desarrollarse tratamientos personalizados incluso antes de que se manifiesten los primeros síntomas.
Este nuevo terreno de la medicina promete salvar millones de vidas. Y, por supuesto, para los capitalistas de riesgo, puede convertirse en una auténtica mina de oro.
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